Usted ha tenido una fractura de apófisis espinosa vertebral. Hay dos apófisis que se proyectan hacia afuera desde cada vértebra, una en cada lado. Este es el lugar donde los músculos y ligamentos de la espalda se unen con la columna. Uno de estos músculos es el psoas, que controla el movimiento de la parte superior del cuerpo y de los muslos al doblarse hacia adelante. Este músculo está conectado con las apófisis transversas de las vértebras lumbares y la decimosegunda vértebra torácica.
Durante una caída, un accidente de automóvil u otra lesión brusca, el psoas puede contraerse de forma muy fuerte cuando el cuerpo trata de protegerse. La contracción puede ser lo suficientemente fuerte como para desprender un pequeño fragmento de hueso de la apófisis espinosa.
Esta es una fractura estable que no causa lesiones a la médula espinal ni a los nervios. De todas formas, las fuerzas que causan esta fractura también pueden causar sangrado interno y otras lesiones que pueden pasar desapercibidas durante su primer examen. Recuerde controlar la presencia de los síntomas especificados en la sección "Cuándo buscar atención médica".
La lesión tardará de 4 a 6 semanas en sanar. Puede tratarse en casa con reposo y medicamentos contra el dolor y la hinchazón. Es posible que le receten un corsé ortopédico para la espalda (llamado TSLO) o un vendaje abdominal a fin de limitar el movimiento en el lugar de la fractura y así reducir el dolor.
Durante la recuperación, su proveedor le recomendará volver a realizar gradualmente sus actividades habituales después de 3 o 4 semanas.
Cuidados en el hogar
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Es posible que deba permanecer en la cama los primeros días. Cuando su proveedor de atención médica se lo indique, comience a enderezarse y caminar. Esto ayuda a prevenir los problemas asociados con el reposo prolongado en la cama (como debilidad muscular, empeoramiento de la rigidez y el dolor en la espalda, o coágulos de sangre en las piernas).
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Cuando se acueste, hágalo en un colchón firme con almohadas debajo de las rodillas. También puede probar recostándose de lado con las rodillas flexionadas hacia su pecho y una almohada entre las rodillas.
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Evite permanecer sentado durante períodos largos. Esto causa más tensión en la parte inferior de la espalda que estar de pie o caminando.
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Durante los primeros dos días después de la lesión, aplique una bolsa de hielo sobre la zona adolorida durante 20 minutos cada 2 a 4 horas. Esto ayudará a reducir la hinchazón y el dolor. No aplique la compresa de hielo directamente sobre la piel. Envuélvala en una toalla antes de aplicarla.
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El calor de duchas, baños de agua caliente o almohadillas térmicas ayuda a reducir los espasmos musculares. No aplique calor durante los primeros dos días. Algunos pacientes se sienten mejor alternando los tratamientos con hielo y con calor. Utilice el método que le dé mejor resultado.
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Tome los medicamentos como le indicaron. Consulte con su proveedor de atención médica acerca de la administración de medicamentos antiinflamatorios de venta libre.
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Si le recetaron analgésicos opiáceos, ingiéralos según las indicaciones del médico (no maneje automóviles ni maquinaria mientras esté tomando este tipo de medicamentos). Llame al proveedor de atención médica si no logra controlar bien el dolor. Es posible que necesite cambiar la dosis o usar un medicamento más fuerte.
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No levante nada que pese más de 15 libras hasta que el dolor haya desaparecido por completo. Utilice una ortesis de espalda (corsé ortopédico) si se lo han indicado. Si levanta objetos, utilice alguna técnica de levantamiento segura.
Visitas de control
Programe una visita de control con su proveedor de atención médica en una semana, o según le hayan aconsejado.
Cuándo buscar atención médica
Llame a su proveedor de atención médica de inmediato ante cualquiera de los siguientes signos o síntomas:
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Dolor que va en aumento en la espalda o en el abdomen
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Debilidad, mareos o sensación de desvanecimiento
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Sangre en la orina (de color café, rojo o rosado)
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Debilidad o adormecimiento en una o ambas piernas
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Dolor e hinchazón en alguna pierna
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Pérdida de control de los intestinos o la vejiga, o adormecimiento en la ingle (la zona genital)
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Dolor de pecho o falta de aire
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Dolor de espalda que se extiende a una o ambas piernas